Cuánto hemos cambiado. Me he venido preguntando mucho acerca de eso, sino muchas personas que conozco y que no, también lo han hecho. Hace algunos años, cuando era niña veía que los niños eran felices jugando con tapas, trompos, bolas y las pirinolas, adoraban correr por toda la cuadra buscando a sus amiguitos y los demás escondiendose detrás detrás de las paredes o le pedían a la vecina para que los dejara esconder en su casa.
En mi caso, sí tuve una linda infancia, entre dulces y risas, jugando a ser mamá y poniéndome las faldas de mi mamá y envolviéndome en una sabana y asegurándola con una correa para que fuera mi vestido de princesa. Aunque no todo fue miel, también sufrí por la separación de mis padres y por las costantes peleas, pero quién diría que casi diez años después, cuando ya sólo lo revivía en momentos de tristeza y depresión, volverían a estar juntos. Menuda sorpresa.
Atravesamos las vivencias de la niñez y la adolescencia, muchos quieren vivir su sexualidad precozmente, muchos se pintan el pelo de miles de colores, muchos graffitean y expresan su arte con la música, otros simplemente, nada de eso. Cambiamos de gustos, de amigos, de casa, de novio, de familia, todo!!. Practicamente nunca seremos los mismos, estamos en constante cambio. Nadie nos enseñó a quedarnos iguales.
En este momento de mi vida, creo que he cambiado poco, y para bien. Tengo muchos sueños, ilusiones y deseos que quiero hacer realidad. Realmente pienso que la tecnología nos ha cambiando mucho. Ahora los chiquitos se entretienen con videojuegos, con la TV, el internet, y tantas cosas que hace cincuenta años nadie imaginó.
Pero acá está lo más importante, muchos, incluyéndome, perdemos la
alegría, la
solidaridad, la
tolerancia, el
respeto por nosotros mismos y por los demás, la ilusión y la
esperanza. No importa si se pierde el dinero o las cosas materiales. Se puede perder algo muchísimo mas importante.
...
El amor por la vida...